Desistí suicidarme después de leer “El psicólogo de Nazaret”. Escribo estas líneas para agradecer un libro y un autor. No se me da bien hacer críticas literarias pero me siento “en deuda”, siento que debo escribir esto por si, de casualidad, tú entras y me lees.

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Hay un libro que se titula “El psicólogo de Nazaret”. Hace unos días fue cuando mis viejas intermitentes ganas de “dejar de vivir” pasaron a ser obsesiones por “cómo morir” (y concretar el cómo, planearlo, intentarlo… y volver a desearlo).  Desesperado puse en Google diferentes palabras, no recuerdo si de ayuda o de psicólogo, y, la verdad, no sé cómo, me topé con un libro y leí muchas opiniones en Amazon. Yo pensé que no perdía nada por probar a piratear el libro y empecé a buscarlo gratis por internet. Si lo intentas (aparte de no encontrar nada para poder piratearlo), te sale la web del autor, y fue desde allí como descubrí el facebook del autor. Sin esperar que me respondiera, lo agregé y comentamos algo de su libro, entre algunas cosas.

 

Por cierto, puedes conseguir el libro en la web del autor: https://www.antoniogargallo.com 

Ok, sigo. Estaba hablando por facebook con el autor Antonio Gargallo, algo que no me esperaba la verdad, que me contestase y encima fue enseguida de haberle agregado.

Me sorprendió lo amable y abierto que era este escritor.


…y aquí yo que llevaba mucho acumulado, y creo que él notó algo por cosas que le respondí. Me dijo:

Viendo que trabajaba en prisión (¿desde cuándo un novelista trabaja en prisión?, me pregunté a mí mismo)  con otros que como yo habían intentado suicidarse, pensé en contarle lo mío. Total, le “medio-conté” sin contar.

Él quitaba hierro al asunto y me daba confianza. “No será tan grave”, me dijo.  Y entonces le conté en concreto qué me pasaba (lo cual no voy a contar jamás a nadie, solo lo sabe él y es secreto de llevármelo a la tumba).

Antonio, este escritor tan inusual (vamos, un escritor que si le escribes te contesta y que trabaja con chicos de la prisión y encima te habla de una manera que te llega), pues me estuvo hablando y escuchando.

Me dijo cosas, como ésta que me marcó:

Entonces decidí comprarme el libro, (después de hablar con el autor, que encima me había dicho cosas que me ayudaron, me sentí muy mal de haber intentado piratear su libro -si me lees Antonio Gargallo, te digo que siento haber querido piratear tu libro-).

Total, lo compré. 

Leía el libro… leí y leí. Al principio deseaba leerlo, atragantar todo lo que decía …y llegó un momento en la historia del libro que me golpeó en el alma, y me tocó profundamente y se lo comenté:

Esa parte del libro que me golpeó fuerte, no te la puedo explicar porque tienes que leerlo tú mismo en el libro (y no hace gracia que yo vaya contando todo el argumento del libro, claro).

Seguí leyendo y empecé a hacerme propósitos, a querer mejorar…

Y pasaban las horas y Dios tocaba mi corazón con el libro El psicólogo de Nazaret. 

No sé muy bien cómo explicar lo que sentía, pero pongo una foto para que te hagas una idea:

Y yo seguía leyendo… El psicólogo de Nazaret

Pero de repente el libro me golpeaba demasiado fuerte (suena exagerado, yo no sé si a según qué persona le tocará el libro de una manera u otra según sus vivencias).


Pero el libro “era demasiado para mí”, tocaba todas mis fibras, “me dolía demasiado” me removía demasiado…

A ratos sentía esto:

Y a ratos sentía esto:

Me di cuenta de que el libro “me tocaba” si leía las frases y las meditaba. No me gustaba la lucha interna que me generaba, el debate de sentimientos vs pensamientos, cuando yo precisamente quería una escapada rápida y libertadora; por el contrario, lo que tenía en mis manos era un libro que me hacía pensar. Vamos, que si yo quería “que alguien me corte la cabeza y así dejar de sufrir!”, ¡¿por qué tenía yo ahora que pasar por “el mal trago” de tomar decisiones por culpa de este libro?!

Yo sabía que era porque pensaba, meditaba las enseñanzas del libro, así que decidí: “Lo leeré de corrido, sin pensar las frases”. ¡Pero no me funcionaba porque me interpelaba el libro!

Así que lo “medio escondí” (al libro, me refiero, para no seguir leyéndolo). “Total”, me decía, “esta parte del libro se enrolla demasiado” (la parte que yo consideraba “rollo” era, precisamente, la parte de enseñanza del libro que me hacía compulsiones en el alma y yo no quería, aunque lo necesitase).

Empecé a rechazar todo lo que decía el libro y todos mis propósitos buenos. Me estaba volviendo a ahogar, porque no quería aceptar las cosas que decía. Era como si me hundía en el mar y el agua me empujaba hacia abajo y ya no quería salir de allí, la verdad, aparté el libro rechazándolo.

(Si esto te pasa, no hagas como yo, ¡TÚ SIGUE LEYÉNDOLO HASTA EL FINAL!)

Quería desahogarme y no tenía a nadie, ni tenía nada, sólo algo (un libro), y sólo alguien (su autor).

Así que me desahogué con el propio autor:

Le conté esto (y algunas cosas secretas) a lo que el autor, Antonio (que yo creo que en realidad es Naim, el personaje de su libro), me dijo:


Y el me dijo 2 recomendaciones, a las que enseguida me quejé y puse excusas.

Me dijo: “…si no estás dispuesto a salir del hoyo” …y yo lo leía como cuando en el libro, el personaje “Naim” reta a Cristina.

Pero cuando uno lleva “en el hoyo” tanto tiempo, uno quiere, (sí, es así), quiere ayuda pero, a la vez, quiere seguir en el hoyo, PORQUE SÍ.

Yo sólo le estaba pidiendo un poco de oxígeno mientras me acababa de decidir si suicidarme o no, y él me estaba haciendo ver con sus palabras y con su libro, que yo PODÍA ir y estar en donde se respira aire puro, todo el que quieras y más, sin tener que permanecer en el hoyo suplicando una mascarilla de oxígeno.

Yo “en mis trece”, le desglosé mis excusas, y también le dije que no aguantaría físicamente una hora de deporte (yo no comía muchas veces y vivía con el cuerpo cansado. He podido estar días enteros sin comer y sin sentir hambre, porque tenía más hambre de acallar mi sentimiento de culpa y de tristeza, y una “hambre” se come a la otra “hambre”).

Pero no le hice caso, ni a él ni a su libro, tenía mucha rabia dentro.

Sentía que “no me iba a dar la mascarilla de oxígeno”. Que era: “o todo o nada”, como que: “o sales del hoyo o te quedas, pero yo no te voy a dejar permanecer más tiempo en el hoyo, cuando puedes salir YA mismo y respirar de verdad”.

Ok, no me da la mascarilla de oxígeno, ¡venga la rabieta!

…No iba a terminar el libro, o “quizás lo leeré solo el fin de semana, no es normal esto que yo necesite leer unas páginas CADA DÍA”.

Pero al día siguiente, (viernes), tuve curiosidad por “ojear” la página que me tocaría leer (que me tocaría leer el fin de semana, o sea al día siguiente en vez de hoy).

Miré la página, era todavía de la parte de enseñanzas del libro (el libro tiene una parte de enseñanzas que dura un rato sabes) …”Buf, a ver qué dice aquí”, y leí la página y la releí (cuando llegas al punto de querer suicidarte, es cuando tienes todas las tardes libres sin haber quedado nunca con nadie, digo esto porque tenía mucho tiempo para leer y releer, incluso por la noche cuando evitas que la ansiedad te abofetee un rato), leí y estuve leyendo, justamente el libro me hablaba de lo que necesitaba saber para entenderme a mí mismo, sobre el ego, sobre servir, etc. Muchas frases las volvía a leer pensándolas (y tantas veces pensaba del escritor, “este tio cómo sabe entender el comportamiento de por qué los humanos hacemos las cosas, de qué nos mueve”), y bueno, muchas cosas.  

Leyendo lo que llevaba ya leído, más sus dos recomendaciones privadas, lo tenía claro: ¡PODÍA salir del hoyo si lo empezaba a aplicar!

Estaba más claro que el agua, y Antonio transmitía una seguridad especial cuando me dijo: “Tú hazme caso… Y verás tu transformación”.

Ok, ya sabía ahora CÓMO HACERLO, y que PODÍA, pero, ¿QUERÍA?

Si quieres hacerlo, (poner en práctica el libro y esas dos recomendaciones), es duro. ¡Duro! Una de las cosas del libro es perdonar y no odiar: “¡Yo, que tanto me odio a mí mismo!”

¿QUIERO HACERLO?

NO.

Y no solo eso, sino que sea como sea, conseguiré que me de alguna mascarilla de oxígeno, algún consejo, para vivir en el hoyo con, ahora sí, un poco de luz por cosas aprendidas, pero yo salir 100% de aquí, no, porque me va a doler FIJO …y tengo miedo.

“No pierdes nada por probar las recomendaciones y practicar lo del libro”, pero sí que pierdes, “perderé la ocasión de “morir por descuido” si empiezo a recuperarme, cuando yo sólo quería “un apaño” y seguir a mi bola, en mi hoyo” (no sé explicarlo).

“Y ENCIMA, NO PIENSO DEJAR DE ODIARME, PORQUE SOY UN MIERDA Y ESO ES LO QUE SOY, Y NO PIENSO PERDONARME”.

“Y lo de que todos somos iguales, que dice Naim en el libro a Cristina, eso es una mentira barata, porque yo soy un mierda acabado y siempre lo seré”.

Y hablé con Antonio…

¿Funcionó? ¿Me dio “el apaño”, la mascarilla de oxígeno? !No!

Pero yo, “dale que dale”…

En el fondo estaba frustrado por todas las enseñanzas de su libro, era como que quería rebelarme contra “El psicólogo de Nazaret” y a la vez lo necesitaba, porque sabía que me estaba ayudando, y generaba una pelea, ¡un debate en mi interior furioso!

Y es que GRACIAS a toda la lectura que había acumulado, y a las palabras de Antonio… desistí. ¡Me rendí! Me dije a mí mismo mientras a la vez miraba la pantalla del móvil las respuestas de Naim, digo, de Antonio, y me dije:

“OK!!! SALDRÉ DEL HOYO Y NUNCA MÁS CEDERÉ AL DESEO DE SUICIDARME”.

Y rompí… rompí a llorar como un crío, con el móvil en mis manos y Antonio Gargallo al otro lado (tú nunca te enteraste que lloré leyéndote).

…Sí, exacto.

Tomé la dura decisión, (porque duro es arrancar del trono al dolor), “viviré y me esforzaré en todo eso y no miraré atrás”. En ese momento me sentía como Cristina, la protagonista del libro, en lo que ella estaba viviendo también.

Me despedí del escritor (o sea de Antonio), y sentí que Jesús, el Jesús que se decribe en el libro, estaba conmigo.

Había tomado la decisión, y ahora era el paso de: “Ok, manos a la obra, tengo que hacer lo del libro; esto, y esto, y esto y aquellas dos cosas… y tengo que dejar de hacer esto, y también esto, y ¿también esto?

No sabía si también debía dejar de “hacerme daño físicamente, no sé si la palabra es “autolesión”, da igual, quizá eso podría seguir haciéndolo y, a la vez, lo del libro. Y pensé: “Pues pregunta, macho, total no te cortes, no te ve la cara mientras preguntas, y por desvelar un secreto más no importa, ése es de confianza y cosas peores habrá visto/sabido en las cárceles y prisiones, total…”

Así que me conecté esperando ver al escritor en linea, ¡y lo estaba!

Pero no tuve valor y terminé un intercambio de ideas diciéndole: “Y una ultima preg.”

Presioné la tecla de “enviar”, y luego tecleé:

“Bueno, nada. Ya está. Gracias”.

Pasó una hora, una hora lenta de roca pesada, y miré y… Antonio seguía en linea, reuní fuerza y pensé “ok, ahora sí”, Y SE LO PREGUNTÉ.



Primero me resistí, y no le respondí nada al escritor, y transcurrió otra hora pesada como de tres rocas gruesas, (“¡cuántas cosas tendría que dejar de hacer para aplicar el libro!”). Te cuento que yo soy el típico rebelde que de entrada dice: “No”. Pensé en sus dos frases del sufrimiento, porque me calaron, es verdad, y al cabo de una hora Antonio recibe de mí, un seco y resignado “Ok” como respuesta atrasada porque yo estaba en linea pensando en sus palabras. (Antonio, no me respondió que “Qué loco, deja de hacerte eso!!”. No, él me leyó primero y me dijo sin juzgarme: “Dios no quiere más sufrimiento”.

Entiendo por qué su libro, “El psicólogo de Nazaret” toca dentro, y es porque él, el escritor, toca dentro del interior (yo estoy seguro que él es Naim -el secundario del libro-, pero fijo, seguro te lo digo. Como que a los dos les pongo el mismo tono de voz y todo).

Vale, me quedaba claro, “esto tenía que dejar de hacerlo, tenía que aplicar las enseñanzas del libro (que aún no había terminado, pero las enseñanzas que había leído y asumido de momento (no te las puedo contar para no contarte todo el libro), y también iba a seguir las dos recomendaciones privadas del escritor (hacer mínimo una hora de deporte e ir a misa, y esto cada día, junto con las otras cosas del libro).

Le pregunté sobre la confesión:

Y me afirmó que:

¡¿Cómo una hoja en blanco!? ¿Hay algo más atrayente que poder ser una hoja en blanco? ¡Eso era lo más grande que podía aspirar!

Y LO HICE, empecé a APLICAR las cosas del LIBRO y a parte esas 2 recomendaciones que me dijo (hacer deporte y también ir a Misa cada día, fue decisivo mi cambio al confesarme antes de Misa. Eso me ayudó a experimentar la paz que cuenta Cristina en el libro, sentí a Jesús perdonándome de verdad en el confesionario, como aquel de la camilla que cuenta el libro). Y yo hacía lo que Cristina hacía en la novela (no puedo contar qué porque tienes que leerte tú el libro), y yo me ayudaba a mí mismo igual que Cristina se estaba ayudando, como si fuera su reflejo.

Estaba aprendiendo UN MONTÓN DE COSAS DEL LIBRO (yo no sé qué habrá estudiado el autor, Antonio, pero seguro que tiene conocimientos de cosas que no dice).

Y es que me pasaba muchas veces, que quería subrayar una frase, y la siguiente, y la siguiente, y ¡TODO EL PÁRRAFO del libro!


Y es que si aplicas lo que dice el libro (y esas dos recomendaciones extras), te viene la paz y la alegría.

CUESTA, pero ESTE LIBRO TE CAMBIA LA VIDA si tú estás abierto a las cosas que dice y no te quedas solo de espectador.

E hice este blog y se lo pasé y lo vio. Y entre las cosas que nos dijimos, quiero -pues me dio permiso-, dejar constancia de algunos pantallazos, como los puestos, para que veas qué gran persona es Antonio Gargallo, que no le importa pasar desapercibido sino que lo único que quiere es servir, ayudar a las personas.

Y ésta es la segunda parte de El psicólogo de Nazaret: “La psicóloga de Medjugorje“.

Si compras de la web del autor y se lo pides, te va a dedicar el libro de su puño y letra, la web es www.antoniogargallo.com (he mirado, y tiene un montón de obras, 14 libros. Es increíble).

Le doy gracias a Dios, porque con todo esto que ha pasado estos días, he sentido cómo Dios en forma de hombre (Jesús), que es a la vez Dios y hombre, ha venido, o más bien, ha bajado profundidades desde arriba donde está, para alcanzar mi miseria, abrazarla y transformarla en misericordia de amor.

Ahora tengo la firme certeza de que Dios me ama, Y a Ti también, ¡DIOS TE AMA!

TODOS SOMOS IGUALES

Y, tal como también dice el libro, El psicólogo de Nazaret, no sé en qué página, (ya lo verás tú), algo así como: “Dios es amor, y todo lo que no es amor, no es Dios”.

Y es que empiezo a saber qué es vivir SIN depresión, ¿te lo digo?, es vivir CON Dios.

¿Cómo? Lee el libro, confiésate, ve a misa y haz algo de deporte. 

…Ahora que soy tan feliz, así “de la nada”, deseo que tú también lo seas, EN SERIO, no te mueras.

Yo hice “click” en diferentes capítulos del libro, yo no puedo contarte las enseñanzas de El Psicólogo de Nazaret, tienes que beberlas despacio tú mismo. Pero ya que te he abierto mi corazón, me gustaría establecer esta contraseña entre tú y yo, para que te acuerdes de mí cuando llegues a esa parte del libro (ya que fue otra de las partes finales en que hice “click”), y la contraseña nuestra será: “playa y no acantilado”.

JESÚS TE AMA 

Naim te lo dirá, y yo te lo voy a recordar.

Gracias Antonio Gargallo, por “las horas que me has echado” en estos días tan intensos y cruciales para mí. ¡Gracias por tu ayuda incondicional!

Muchas cosas que nos hemos dicho, no las he puesto, como ves, pero siempre recordaré cuando con paciencia me explicaste eso de que “Dios lo puede todo” y, hablando de milagros, me contaste que tú con confianza le pedías un milagro a Dios. Yo no sé qué milagro le pides, pero yo le pido al Jefe que te lo dé, igual que yo obtuve uno de Él a través de ti.

Y veo que no soy el único, en tu propio facebook:

https://www.facebook.com/toni.gargallogil

sale publicado lo que dice esta chica:

Y para ti, que me lees, para ti que sí, que de casualidad entraste, para ti, por quien he escrito estas líneas: ¡DIOS TE AMA! ¡JESÚS TE AMA! (te dije que te lo recordaría).

🙂

                                                                                   

                                                                                    ***

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LIBRO: La psicóloga de Medjugorje

Acabo de leer “La psicóloga de Medjugorje” y es ESPECTACULAR!!
No estoy acostumbrado a libros de este calibre. Me ha aportado mucho y a través del libro todas las emociones han recorrido en mí, desde intriga y alegría, hasta miedo y alguna lágrima. ¡Es una obra maestra, recomiendo leerla! Es de esas cosas que tienes que hacer, al menos, una vez en la vida.

La encontrarás en http://www.antoniogargallo.com o en Amazon